Pintora autodidacta originaria de la Costa Chica de Guerrero, López formó parte del círculo de La Esmeralda como modelo de Diego Rivera, Raúl Anguiano y José Chávez Morado, entre otros. Julia López desarrolló de manera autodidacta un lenguaje pictórico propio que el curador Juan Coronel Rivera inscribió en el modernismo naíf, comparándola con Henri Rousseau. Miembro del Salón de la Plástica Mexicana, su obra ha sido expuesta en México, Estados Unidos y Europa.
Filcer desarrolló una carrera de más de siete décadas con más de 300 exposiciones en todo el mundo, con presencia en el Grand Palais de París, el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México y bienales en Chile, Japón e Inglaterra. Su obra forma parte del acervo permanente del Instituto Politécnico Nacional. Miembro del Salón de la Plástica Mexicana, La Espera pertenece a su producción escultórica en bronce — vertiente menos difundida y de mayor rareza dentro de su catálogo.
Muralista, grabador y escultor, Chávez Morado fue exponente de la tercera generación de la Escuela Mexicana de Pintura, junto a Juan O’Gorman y Raúl Anguiano. Fue miembro del Taller de Gráfica Popular y cultivó el grabado como disciplina central de su práctica. Recibió el Premio Nacional de las Artes en 1974 y el Doctorado Honoris Causa de la UNAM en 1985. El malabarista es obra gráfica de un artista cuya presencia en colecciones públicas e institucionales es de primer orden.
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